La cartera siempre llama a la puerta

Estando a las puertas de finalizar el año, me vienen a la memoria las Navidades de antaño, además de la celebración religiosa, la mayoría de familias aprovechaban las fiestas señaladas, para las comidas especiales, comprando en la carnicería de davall sa Plaça y en la pescadería, en puestos conocidos de confianza; el menú era a base de corns, escopinyes gravades, consomé, capón o pavo relleno al horno, vino tinto especial, pasteles, turrón de varios tipos, una botella de cava (al que llamábamos champagne) y café des bó… Vatuadell cent llamps, eran tiempos en los que se trabajaba mucho y se pagaban pocos impuestos…es tords pasavan amunt. Otra costumbre casi olvidada, son las postales felicitando la Navidad y el Año Nuevo…los funcionarios/empleados de Correos, recibían y enviaban una cascada de sobres, actualmente vamos con mensajes por wassap, sms, etcétera. Tiempos diferentes, ni mejores ni peores, como dice el refrán: todo es según el color del cristal con que se mira.

Apreciado lector, estarás de acuerdo conmigo que con el tema impuestos, hemos empeorado una barbaridad ¿o nó?, era una época que se ganaba un sueldo trabajando en empresas, comercios, en el campo, en el sector financiero, etcétera… pasa lo mismo en la actualidad, con excepción de un sector no productivo, como el político profesional, que podemos comprobar en su curriculum vitae, que nunca ha trabajado en otros sectores que no sea este, de político.

La cartera, llama al telefonillo le abro la puerta y deposita un sobre en mi buzón, cosa extraña hoy en día; texto manuscrito cuyo contenido merece una reflexión profunda y es el siguiente… con permiso amigo R.: “Tenemos que charlar…Nos ha tocado vivir en una época de comunicación. Es descabellado pensar en la enorme cantidad de cambios (otros dirán progreso) que nos toca vivir: desde aquellas comunicaciones por una línea de teléfono casi artesanal hasta las comunicaciones casi inabarcables de hoy día en que lo difícil es elegir a través de que medio hacerlo: radio, teléfono fijo, móvil, internet…, pero ¡Ay!¿dónde ha quedado la comunicación verbal, cara a cara, entre dos personas o mejor entre dos amigos?. Tal vez debamos escribir a nuestro amigo una carta (sms, e-mail, etc.) que podría ser algo así:Te escribo para que vengas a verme, tenemos que charlar de nada: de ti, de mí, de nosotros, de lo ajeno, de lo que pasó, de lo que queda por venir, de nuestros amigos, de nuestros conocidos, de los que se fueron, de los que volverán, de los que vendrán, de la historia, de nuestra historia, de sus historias, de cosas interesantes, de lo que conocemos, de lo que tenemos que aprender, de … cualquier cosa, de nada especial. Lo importante, lo interesante es que charlemos, que hablemos, que nos sigamos conociendo para, después, podernos amar o podernos odiar, es solo así de sencillo.Podemos hablar de mi familia: de mi esposa y de mis hijos. O si lo prefieres, de tu familia: de tu esposa y de tus hijos. Quizás recordemos aquella pequeña correntía que aquel día de lluvia menuda de la ya anciana primavera recorría alegre, cantarina y juguetona el empedrado de la calle: cómo los pájaros: gorriones, vencejos, golondrinas, volaban piando felices, mezclando sus colores con los del gris/azulado/luminoso cielo que los mantenía allí como por ensalmo. O tal vez, ¿por qué no? de aquellos chavales, aprendices e inventores perpetuos de juegos, que con sus gritos, sus risas, sus carreras desafiaban las más elementales reglas del silencio: ¡benditos sean!. O aquellos otros días en que despedimos para siempre a las personas que tanto quisimos y con las que tanto quisimos, fueron duros aquellos días llenos de preguntas al aire y sin respuesta alguna, aunque ahora sabemos que estamos más cerca de volvernos a encontrar algo más allá: tenemos tantas cosas que contarles… O, tal vez, de nuestras novias juveniles, novias que lo eran durante una o dos semanas, pero semanas henchidas de orgullo, felicidad y alegría. O de unos días antes: del primer roce con una mano femenina, de aquel escalofrío que sin saber dónde nació ¡¡buf!!Sé que entre nosotros sólo habrá alegría en nuestra charla, olvidemos las penas y los negros presagios: la vida es infinitamente bella, nada ni nadie puede llegar a emborronar la belleza, la paz, el sosiego, la calma de una charla entre amigos.Ven amigo sentémonos que tengo una botella de vino y eso da para mucho charlar.” R. S. Después de leerte se me han caído un par de lágrimas; son tiempos de nostalgia que por supuesto echamos de menos, cuando a falta de TV, teléfono móvil, etcétera, se mantenían las tertulias entre vecinos en el portal de los hogares, a una hora prudente la cena pertinente y antes de conciliar el sueño encendido de la radio Philips tipo Peineta, para escuchar Radio Pirenaica, con el volumen muy bajo, por si las flies.

FELIZ AÑO 2019

josebarberalles@gmail.com

One Response to “La cartera siempre llama a la puerta”

  1. manumenorca dice:

    … ay mochilero mochilero… la cartera la llevamos en el bolsillo de atrás del pantalón: la chica que nos pasa el correo es el cartero, sea chico o chica; así me lo dejó muy clarito una muy querida profesional del gremio años ha, y es de recibo respetarlo… y respecto a las celebraciones religiosas de estas fechas, no seamos hipócritas, la inmensa mayoría aprovechamos muy bien estas vacaciones ganadas con esfuerzo por nuestro trabajo, para divertirnos con la familia y amigos, y de todo el lote de tópicos, es precisamente el religioso el aspecto más prescindible, y a nadie le duelen prendas reconocerlo… que no pasa nada, hombre, y felices fiestas

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