Parque infantil Borja Moll

Hace pocos días coincidí con una persona de mi edad, a la que conozco desde hace tiempo – los años 60 – y me convenció para que dejara de jugar a tenis en la pista de patinaje de la Unión Deportiva al invitarme a probar las pistas de tenis del Club Tenis Talayot – hoy Club Tenis Mahón – que era prácticamente nuevo. Lo probé, me encantó aún con el inconveniente de la cuota de 1.000 pesetas a fondo perdido para darse de alta, estamos hablando del año 1967 y era mucho dinero para mi economía. Había dos pistas y vestuarios, por el contrario en la pista de patinaje teníamos que instalar la red cada vez que jugábamos y a ducharse a casa. Seguí el consejo mi amigo Nito y cap a Trepucó a jugar a tennis, on encara hi vaig, despres de tants d´anys.

Por supuesto la conversación que tuvimos no era de tenis, sino sobre una preocupación que hoy en día tenemos los de nuestra edad con el entorno de nuestros nietos. Recomendación suya al amigo “mochilero”, una visita al parque infantil de la zona de la calle Borja Moll, porque estaba abandonado de la mano de Dios, perdón, quería decir de los de Dalt la Sala, ya que nuestro Señor no tiene nada que ver con los parques infantiles…tiene un exceso de “trabajo” con la infancia mundial para que no pase hambre y tengan un atención médica mínima.

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Mochila, máquina de fotografiar y cap a n´es parque infantil des carrer Borja Moll. Me acordaba que el año 2009 ya había “denunciado” el abandono del parque en cuestión, vatuadell cent llamps, cuando llegué pude comprobar que la “foto fija” era la mismam a pesar de haber transcurrido seis años: moqueta estropeada, porterías de fútbol y aros de básquet sin redes, algún juego infantil estropeado con posibles riesgos para los niños, a medida que los árboles se mueren, no se reponen, se cubre la tierra con cemento. Mi pregunta en voz alta es: ¿culpa de los de Dalt la Sala o de los usuarios – no infantiles – que lo destrozan? Pienso que es de los dos, ya que una zona relativamente nueva, tendría que tener un mejor aspecto y mejor cuidado, ya que no solamente hay que cuidar el centro de nuestra ciudad, sino también las zonas periféricas. Te acuerdas, apreciado lector, que hace unas semanas hablábamos del camino de Santa María, por falta de luz, limpieza, asfalto, etc., ya que cualquier contribuyente mahonés, viva donde viva, su zona tiene que estar en perfecto estado de revista.

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Mientras andaba por la zona varios vecinos se me quejaron de que los de Dalt la Sala los tenían olvidados, son sus afirmaciones, para que lo plasmara en mi escrito. No entiendo que siendo el barrio o uno de los barrios más nuevos de la ciudad tenga tanto deterioro, echar la culpa a los de siempre no es suficiente.

Lo que pude comprobar es que el barrio sigue soportando las meadas de los perros en las fachadas y las farolas, lo primero una guarrada y lo segundo un peligro ya que las pudre. ¿A quién acusamos de ello?.

Bones Festes de Nadal

 

josebarberalles@gmail.com

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