Historias ciudadanas

El pasado martes cuando salía de mi casa, observé que en el edificio vecino habían empezado unas obras de reforma de la fachada lateral, concretamente en carrer Pont des Castell, de la ciudad mahonesa; les pregunté a los dos operarios que hacían, respuesta al canto, estamos restaurando esta pared que está bastante deteriorada, fundamentalmente las piezas de marés; se trataba del antiguo edificio de Can Mercadal, o sea, donde está ubicado el Archivo y Biblioteca Pública de Mahón. Este emblemático edificio está situado en la Plaza de la Conquista, antiguo castillo de Mahón, fue construido en el año 1752, por José Mercadal Seguí en los terrenos que anteriormente ocupaba la casa de su abuelo materno Bartolomé Segui Sintes, jurado mayor de la Universidad. Quiero felicitar a los responsables de haber tomado esta decisión de restauración, ya que necesitaba desde hace mucho tiempo, no un lavado de cara, sino una cirugía estética de la mano de buenos profesionales.

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Cuando pasé por la plaza vecina, la de la Constitución, caminando por el centro de la misma, habitualmente lo hago por la acera de la Iglesia de Santa Maria, pensé que sería conveniente una reforma integral del antiguo empedrado, levantando el suelo por tramos y rehacerlo de nuevo completamente, utilizando los mismos materiales, por supuesto de la mano de especialistas en tratar sa pedra viva. No sería necesario contratar empresa alguna, un par de autónomos bastaría y tendrían trabajo a largo plazo.

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Por el camino encontré un compañero de fatigas de la Isla del Rey, me dice: Josep, me gustaría que vieras una jardinera que está situada en carrer de la Infanta, que si no estoy equivocado, hay sembrada una planta que es muy venenosa, la ricinus communis. Xinu xano, los dos pusimos rumbo, tranquilamente ya que somos dos felices jubilados, no retirados, hasta la ínclita planta, fotos al canto, consulta pertinente en el Google, vatuadell cent llamps, las fotos – la mía y la del “mister Google” – eran unas almas gemelas y lo más preocupante es la definición que hace de la ricinus communis: “El ricino es un arbusto de tallo grueso y leñoso, hueco que, al igual que los peciolos, nervios e incluso las propias hojas en algunas variedades, puede tomar un color púrpura oscuro y suele estar cubierto de un polvillo blanco, semejante a la cera… Las semillas son muy tóxicas, por la presencia de una albúmina llamada ricina, ya que basta la ingestión de unas pocas, masticadas o tragadas, producen un cuadro de intensa gastroenteritis con deshidratación; puede dañar gravemente el hígado y el riñón e incluso producir la muerte. Es una de las toxinas biológicas más potentes que se conocen.

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El aceite de ricino, obtenido por prensado de las semillas y calentado para destruir la ricina, es uno de los purgantes más reputados, debiéndose su acción al ácido ricinoleico; tiene el inconveniente de su desagradable sabor. En la actualidad encuentra aplicaciones en la industria de pinturas y barnices, así como para la fabricación de lubricantes y líquidos para frenos.” (sic)

Mi amigo Jordi y el mochilero, estamos verdaderamente preocupados por si nuestra afirmación tiene fundamento, por lo que recomendamos a la autoridad competente, o sea, los de Dalt la Sala, investiguen sobre el particular y en caso afirmativo actuar contundentemente, por supuesto erradicarla, con o sin permiso de los ecologistas.

josebarberalles@gmail.com

 

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