Encaje ciudadano

Los ciudadanos tenemos la posibilidad de que nuestra ciudad esté en perfecto estado de revista o todo lo contrario, que parezca una pocilga… (perdón por lo de cerdos).

Estarás de acuerdo, apreciado lector, en que en nuestros hogares no tiramos las colillas al suelo; si el perro suelta el “regalito” lo recogemos; no ensuciamos las paredes con pintadas (perdón, graffitis); los trastos viejos como sillas, mesas, televisores, ordenadores, somieres, etc. de los que nos queremos desprender, los tenemos fuera de la vista de las visitas inesperadas; aunque no seamos unos “manitas” cambiamos las luces fundidas, baldosas si están rotas. Todo esto lo hacemos sin el menor esfuerzo para que nuestro hogar sea agradable y lo más acogedor posible, ya que pasamos allí una parte muy importante -en cuanto a tiempo – de nuestras vidas.

Seguro que cuando sales por la puerta de tu hogar te gustaría encontrar tu ciudad sin que algún incívico ciudadano nos haya fastidiado con su deplorable actitud totalmente contraria a lo que hemos mencionado anteriormente, lo de las colillas, cacas de perros, enseres inservibles, pintadas en las fachadas, etc., etc.; pero siempre hay ciudadanos -menos mal que son unos pocos – que cuando cruzan su portal, “vatuadell cent llamps”, adoptan estas incívicas actitudes.

El pasado domingo cruzando “Mô”, a las 8 de la mañana “rumbo” a la Isla del Rey, vi varias bolsas de basuras en algunos portales -sabiendo que no hay servicio de recogida los sábados- y una “señora” en particular, en vez de usar un contenedor, lo depositó en una papelera. En una céntrica calle, abandono de un viejo televisor y varios enseres desde el viernes anterior.

Pero menos mal que siempre hay excepciones.

Me pasó con un conocido que me comentó: “José, llevo varios días esperando verte para enseñarte una cosa que me preocupa, se trata de la valla ubicada en la calle Sant Josep, que está fuera de su sitio y podría provocar algún accidente a los peatones”. Nos dirigimos al lugar donde está dicha valla y me acordé que la pobre llevaba varias semanas coja y desencajada. “Fil a s’agulla”, tomamos las medidas para confeccionar una barra de madera, conseguimos una que encajaba perfectamente y, posterior montaje… La valla lleva varios días bien colocada gracias a nosotros tres, el “conocido” por su preocupación, el “vecino” por ayudar a repararla y el “mochilero” por la barra de madera.

Cuando nos íbamos, una voz sentenció a nuestra espalda: “Al.lots, molt bé, ses coses de tots no són de ningú”, vosotros tres que no “trabajáis” para la administración local, que no tenéis hijos o nietos que van a la guardería, habéis actuado como buenos ciudadanos, muchas gracias…”. Nos giramos para ver quién nos hablaba y nos quedamos de piedra. Dicha “voz” era de la valla que acabábamos de “encajar”. “Si vivim coses veurem”.

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