Camino de Santa María

El Jueves Santo es un día importante para los que profesamos la religión católica. A mí me vienen a la memoria recuerdos imborrables de mi infancia. Mi madre, preparando en casa “sa coca amb pinxa, ses formatjades”. Se cocía, por supuesto, en el horno de la panadería “des carrer de sa Lluna”. Visita pertinente a las iglesias después de los oficios religiosos, acompañando a mis padres en Nito i na Marieta. Eran otros tiempos, aún en la actualidad seguimos viendo aquellas preciosas películas de nuestra infancia como “Quo Vadis”, “Ben Hur”, “Sansón y Dalila”, “Los Diez Mandamientos”…

Este Jueves Santo, la misma película, como si no hubieran pasado los años, con la diferencia de que hace cincuenta años era en blanco y negro y actualmente es en color. También cambian las costumbres: en vez de cocinar en tu casa las “coques amb pinxa i formatjades”, compradas en “es forn des carrer de sa Lluna”. Verdaderamente, las cocas están buenísimas y, lo más importante para mí, al arenque (pinxa) le han quitado la espina y las escamas. Visita a las iglesias acompañando a mi esposa, hijas, yernos y nietos, la familia ha pasado de tres a doce miembros. “Semblam sa família Trap”…

Hacía varios días una persona me había “encargado” una excursión mochilera a un camino de nuestro municipio, y la máquina del tiempo me traslada a mi infancia. Me comenta: “Es camí de Santa María no tiene farolas que lo iluminen; somos pocos vecinos; pero pagamos religiosamente nuestros impuestos y no nos hacen ni puñetero caso los de Dalt la Sala. Las veces que hemos reivindicado que nos instalen algunos puntos de luz”… Otra vez, recuerdos de la infancia, era un camino que conocía palmo a palmo, ya que mis padres cada año compraban un cerdo para su engorde, matanza y “porquetjades” en casa de mi abuela materna. El pobre cerdo tenía su morada, o sea “sa soll”, en “es camí de Santa Maria” y casi a diario “s’al·lot”, o sea el que suscribe, le daba de comer los restos de comida generados y ración de “xerigot” procedente de “sa formatgera” (El Caserío), donde mi padre trabajaba.

El camino de Santa María ha sufrido una mutilación por la expansión de Mahón; pero lo que no ha cambiado ha sido la iluminación; no había antes ni ahora.

En mi excursión pude dialogar con un señor de 83 años que tiene un huerto en el que cría todo tipo de animales y me comentó que cuando regresaba a su hogar por la noche dicho camino era verdaderamente lúgubre, con posibilidad de pisar alguna caca perruna.

Los vecinos, que son pocos, y el mochilero recomendamos a los de Dalt la Sala que instalen varios puntos de luz en dicho camino, o en su defecto subvencionen la compra de linternas para transitar nocturnamente. Por supuesto, cuando tengan que cambiar las pilas, los vecinos se lo pagarán de su bolsillo.
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barber-alles@terra.es

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