Chaqueta roja

Los tiempos que corren son verdaderamente complicados, fundamentalmente por la falta de seguridad ciudadana. Situaciones familiares muy preocupantes, cuando uno de sus miembros (cuya nómina es necesaria para el sostenimiento de la economía familiar) está forzosamente en paro, pero el paro puro y duro, o sea que no tiene empleo por haber cerrado la empresa, por reducción de plantilla o porque habiendo terminado los estudios pertinentes no ha encontrado el deseado trabajo.

A través de los medios de comunicación nos enteramos de casos de violencia  doméstica, robos de todo tipo, pornografía infantil, agresiones entre grupos juveniles… Esto último ocurre fundamentalmente los fines de semana a altas horas de la noche.

El lector me permitirá, sin que sirva de precedente, que relate un desagradable caso que me ha pasado recientemente, y para ser más exactos la tarde del pasado martes día 18 entre las 18 y 19 horas.


Tengo la sana costumbre de jugar al tenis habitualmente en el Club Tenis Mahón, principalmente porque me lo paso bien y además me sirve para mantenerme en forma, dentro de las posibilidades que te permite la edad. El mencionado día, como lo voy haciendo desde hace más de cuarenta años, me cambié la vestimenta de calle por la deportiva, dejando la primera en las perchas del vestuario, y cap a la pista con mis tres compañeros de dobles.

Terminado el partido, la pregunta que te suelen hacer habitualmente: com ha anat es partit, respuesta mía molt bé perquè no mos hem lesionat. Entrada al vestuario para la correspondiente ducha, y sorpresa desagradable por mi parte: había desaparecido mi querida chaqueta roja, marca Ralf Lauren  (el del jinete jugando al polo).

Como estoy convencido de que ha sido una equivocación por parte de algún despistado, ruego al sujeto en cuestión que si la tiene guardada en su casa, porque no se ha dado cuenta de que no es suya, se sirva devolverla, si es posible en el mismo sitio en que la dejé colgada, y en el caso de querer guardar el anonimato la ponga en una bolsa y la entregue al conserje de dicho club que me la hará llegar.

La verdad sea dicha, no es por el valor monetario, sino por el cariño que nos teníamos mutuamente, con anécdotas de todo tipo, una reciente en el campo del Sporting Mahonés conversando con el alcalde de nuestra ciudad, me fijé que su chaqueta era azul, y la mía, la recién desaparecida, le dije: amic Vicenç, crec que duim ses jaquetes equivocades, tu de blau i jo de vermell… Nos despedimos riéndonos por mi comentario.

Para finalizar, agradeceré su devolución y para celebrarlo invitaré a desayunar a la persona que me la entregue, por la satisfacción de recuperarla por motivos sentimentales y, qué puñetas,  porque es mía y me cabrea que la lleve otra persona.

––––––
barber-alles@terra.es

Leave a Reply