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La tristeza del reloj municipal

viernes, octubre 22nd, 2010

Hace unos días, pasando por la plaza de la Constitución frente a las Casas Consistoriales de Mahón; o sea, Dalt la Sala, oí que alguien me llamaba; me giré y pude comprobar que no había nadie alrededor mío. José, vaig pensar, perds facultats i escoltes veus de gent qui no hi és, s’edat no perdona.

Unos días más tarde, pasando por el mismo lugar, otra vez la misma voz me volvía a llamar, miraba  y nadie alrededor mío. Eh!… Motxilero, mira per amunt i em veuràs…vatuadell, es rellotge de Dalt la Sala que em cridava.

Mochilero: -¿Qué te pasa figura?


Reloj: -Estoy muy triste, casi rozando la depresión. Todo el mundo me tiene olvidado: cuando pasa la gente ni me mira… unos verdaderos ingratos.

M: -No lo entiendo, ya que desde la época del gobernador inglés Richard Kane, te instalaron aquí arriba. Las historias que podrías contar por la gran cantidad de gente que ha pasado frente a ti…

R: -Tú sabes lo presumido que siempre he sido; siempre me ha gustado que la gente se fijara en mí, pero actualmente por culpa de los dichosos árboles, nadie me puede ver, físicamente hablando. Hace años todos los que pasaban por es carrer Nou hacían su paradita en la zona des Dinaret, para mirarme y ahora res de res.

M: -Tienes toda la razón, ya que más de uno me lo ha comentado, pero tranquilo que ya llega el invierno… esperemos que con su llegada las verdes hojas de los árboles caerán. Como bien hace referencia a las hojas de los árboles,  la canción “Hojas muertas”.

R: -No terminan aquí mis problemas depresivos; una compañera de toda la vida, desde la época del mencionado gobernador inglés Richard Kane, también me ha abandonado; lo que no sé si por enfermedad o por haber ingresado en las listas del paro. Nuestra relación siempre ha sido meramente platónica y ahora la echo de menos. Se trata de la campana que durante tantos años anunciaba las horas que yo mismo marcaba.

M: -Querido reloj, estoy totalmente convencido de que tu compañera la campana  se está recuperando de alguna enfermedad propia de su edad, seguramente en el Mateu Orfila o a Cas ferrers Hermanos Olmos.

Para finalizar, tanto el reloj de Dalt la Sala como el “mochilero” nos despedimos deseando la pronta recuperación de su perenne compañera La Campana y esperando un feliz regreso al hogar.