Comparaciones odiosas

Cuando visitas otras poblaciones habitualmente tenemos la sana costumbre de poner en funcionamiento el chip que llevamos incorporado en nuestro cerebro. Por supuesto siempre encuentras luces y sombras, o sea, cosas para mejorar y,    por supuesto, cosas para recomendar que tenemos en nuestra población.

Hace varios años tuve la ocasión de visitar  Oviedo juntamente con varios concejales de nuestro grupo municipal que estaba en la oposición del Consistorio mahonés. El motivo principal era comprobar in situ por qué les habían concedido premios nacionales durante varios años por mantener la ciudad en perfecto estado de revista. Se trata de la “escoba de plata”, “escoba de oro” y “escoba de platino”, uno de los cuales fue por su labor de recogida selectiva de basura en los portales y su posterior reciclaje. Pudimos comprobar que durante todo el día no había ningún contenedor de basura, la empresa encargada los ponía al atardecer o sigui es fosquet, los ciudadanos depositaban en ellos las bolsas pertinentes y por la noche los camiones los vaciaban. Posteriormente dichos contenedores eran retirados por la misma empresa que los había depositado, desapareciendo como por arte de magia de las calles ovetenses para ser limpiados y hasta es fosquet del próximo día. Las comparaciones son odiosas.
Recientemente visitando la población de Tarragona, encontramos un tren turístico para recorrer esta bella ciudad, “a pujar i a fer es guiri”. Un ascensor público para facilitar acceder al antiguo teatro romano, “no sé si esteia previst abans que es nostro d’es club marítim, però ells ja el tenen”. Los jardines, en general, preciosos de mantenimiento, “me ve a sa memòria es nostro Freginal”. Su mercado central cerrado por obras de reforma integral, “aquí trec pit pensant en es Mercat de Mô,  que es preciós i també en sa Peixeteria”. Las comparaciones son odiosas.
Antes de acceder a la antigua ciudad de Tarraco, como nuestro medio de transporte fue por vía marítima procedentes de Vinaroz, antes de entrar en el puerto de Tarragona una imagen que me hubiera gustado contemplar en nuestra querida Menorca, un enorme petrolero descargando fuera del puerto su escaso y necesario elemento para abastecer las múltiples necesidades ciudadanas. Me vino a la memoria cuando la descarga se hace en Menorca, con una diferencia notable operativamente hablando. En Tarragona se descarga fuera del propio puerto en una isleta flotante y en Menorca, en el puerto de Mahón en la misma Estación Naval, enfrente de la propia población mahonesa. Las comparaciones son odiosas.
Que Dios nos coja confesados en caso de accidente, no solamente por el tema de vertido a las aguas del puerto de tan especiales  líquidos sino por otro tipo de accidente.

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barber-alles@terra.es

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