Educar y enseñar

Los fines de semana, entre otras cosas, tengo por costumbre leer el “XL Semanal”, prioritariamente los artículos de Carlos Herrera, Arturo Pérez-Reverte… así como alguna de las cartas seleccionadas por Lorenzo Silva. En el nº 1.173, se publicó un artículo de mi amigo Juan Luis Hernández, titulado “En el mismo saco”, que por cierto me encantó. Lo llame por teléfono para felicitarle, quedando gratamente sorprendido, ya que aún no lo había visto, por haber estado muy atareado, dominicalmente hablando. Por el auricular, además de la voz de mi amigo, podía escuchar a Roig, su querido perro, ladrando de alegría porque su amo, amigo, compañero, además de educador, acababa de llegar a su casa.

Una obligación que tenemos los padres con nuestros hijos es educarlos para hacer más llevadera la convivencia con el resto de los mortales. En cuanto a la enseñanza, debe estar siempre en manos de sus profesores, quedando claro que los padres educan y los profesores enseñan, es mi forma de pensar.

Cuando el educar y enseñar converge con la misma persona es, con el amo, amigo y compañero del perro, bien sea de compañía, guardián, lazarillo (el mejor amigo del invidente), de raza o “mil leches”, con perdón.


Recientemente en el “Sorprende y no sorprende” de Es Diari, publicaba una foto de un cartel, dibujado un perro y frase “que pixi a casa teva”, de algún vecino de Es Castell, que estaba harto de que los perros hicieran “pipí” en su fachada. En una calle céntrica de Mahón, también hay un cartel que dice “agradeceríamos recogiese los excrementos de su perro, gracias”.

Por suerte, la gran mayoría de personas se han encargado de educar-enseñar a su perro y cuando salen a pasear con él, lo llevan atado de su pertinente correa y con su bolsa de plástico por si hacen sus necesidades en plena calle. Lo que resulta imperdonable y merecedor de tarjeta roja es el responsable del can que lo lleva sin atar y no recoge sus cacas. También tarjeta roja, para los que dejan abandonados a estos pobres animalitos, que su fin es la perrera municipal.

Las dos fotos, que acompañan estos comentarios, son de dos propietarios totalmente distintos. El perro campando a sus anchas, en una calle de Es Castell, después de haber hecho sus necesidades, líquidas y sólidas, en la misma acera. Y el otro totalmente quieto como si se tratara de una estatua, con la correa en la boca, esperando a que su amo saliera de comprar tabaco. Dos reflejos totalmente distintos, uno de buen educador y el otro de pésimo ciudadano, excepto que el pobre can se hubiera escapado de su hogar… que lo pongo en duda, qué puñetas.

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barber-alles@terra.es

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