Muerto el perro, se acabó la rabia

Cuando una familia normal tiene un inmueble, lo más lógico es que le saque un rendimiento recurrente, bien sea personal o monetario, y cuando estas dos circunstancias no se dan, lo intentamos vender o permutar. Pero nunca condenarlo a “morir”.

Voy a referirme a un inmueble municipal, des carrer de Sant Josep de Mô.

La gente de mi edad recordará que se usaba de conexión entre la citada calle y el huerto del antiguo Hospital Municipal, además de almacén municipal.

Debido a la ampliación y mejora del Hospital Municipal, obra muy necesaria para la mejora del servicio a las personas mayores, dicho paso quedó condenado, y seguía como almacén municipal hasta hace poco tiempo.

A consecuencia de la invasión de unos ocupas que forzaron la cerradura, acto denunciado por varios vecinos, la brigada municipal tuvo que “sellar” la entrada con maderos y cadena con candado, para impedir su ilegal ocupación.

Ni por éstas. Los ilegales “inquilinos” volvieron a la carga, esta vez forzando la puerta; actuación rápida de la policía municipal, desalojo al canto.

Al cabo de poco tiempo, brigada de obras municipal cap as carrer de Sant Josep, para tapiar la puerta en cuestión y solucionado el problema.

Lo que comentaba al principio, una familia normal, en un caso similar hubiera sacado rendimiento al inmueble, bien sea utilizándolo o vendiéndolo.

Solución municipal: muerto el perro, se acabó la rabia.

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